“No todo nos sale a la primera” Aprendiendo a tolerar la frustración

¿Alguna vez te ha parecido ver en el parque o en la calle a un/a pequeño/a que la tranquilidad pero, al equivocarse, parece estar poseído por el mismísimo demonio?

A medida que los/as niños/as crecen van aprendiendo a desarrollarse de manera independiente, poco a poco van adquiriendo habilidades y necesitando cada vez menos de nuestra ayuda. En ese proceso pueden ir encontrando obstáculos, algunos que resuelven en unos segundos y otros que les cuesta algo más pero ¿Cómo afrontan esos momentos?.

La frustración es la emoción que aparece cuando un deseo, ilusión, necesidad o proyecto no se cumple o satisface. Cuando se dan estas situaciones, niños/as y adolescentes también experimentan otras emociones asociadas como tristeza, angustia o enfado.

Enseñarles a tolerar la frustración les facilita que puedan aprender a hacer frente a los distintos problemas que podemos encontrar en el día a día y que encontrarán en la vida adulta. Si tenemos esto en cuenta, podemos entender que se trata de una “actitud” que podemos tomar ante los problemas y por tanto, puede trabajarse y mejorarse.

 

Un primer paso para ayudarles a desarrollar esta actitud es, como adultos, pararnos a reflexionar sobre cómo actuábamos y pensábamos cuando éramos pequeños. Podemos hacernos preguntas del tipo:

  • ¿Cómo afrontaba yo que algo no me saliera a la primera?
  • ¿Cuándo no me salía como yo quería reaccionaba con una pataleta?
  • ¿Lloraba por no conseguir lo que quería?
  • ¿Tiraba todo al suelo cuando mis padres no me consentían?

 Si tenemos en cuenta que la tolerancia a la frustración es una actitud que puede trabajarse y mejorarse, vamos a ver qué podemos hacer para ayudarles en ese proceso de “ensayo-error”, es decir, cuando tienen un objetivo y este se les resiste:

  • “Equivocarse no es fracasar”. Si desde pequeños/as enseñamos a nuestros/as hijos/as esta nota mental, difícilmente asociarán el cometer un error con algo negativo. No todo puede salirnos a la primera y no por ello estamos fracasando. Muchos de los grandes descubrimientos de los que disfrutamos hoy día surgieron del ensayo-error, de intentarlo una y otra vez sin desistir.
  • Sé su ejemplo. Si como padres y madres a la mínima que algo nos cuesta desistimos, nuestros/as niños/as también harán lo mismo. Recuerda que son como “esponjas” capaces de absorber todos los comportamientos que ven a diario. Si papá y mamá se frustran y cabrean cuando algo no les sale, ellos no aprenderán a insistir hasta lograrlo.
  • Refuerza sus logros. Cuando hace algo bien hay que celebrarlo. Contar a otras personas delante en su presencia con entusiasmo lo que el/la pequeño/a ha logrado supondrá una gran dosis de motivación. Reforzar su conducta hará que su autoconcepto mejore, su motivación cuando las metas se le compliquen mejor y se verán a sí mismos/as más capaces de lograr aquello que les cuesta.

  • Deja que llore. Es normal que el/la niño/a se sienta angustiado/a y con ganas de llorar cuando algo no le sale como quiere. No intentes restarle importancia con un “esto no es nada” más bien, sírvele de apoyo emocional en ese proceso que para él/ella está siendo difícil. Puedes pedirle que te explique porqué llora y ofrecerle un ejemplo de cómo reaccionas tú cuando te sucede algo parecido.
  • Fuera la sobreprotección. Terminar las tareas por ellos antes de que puedan sentir frustración no es la mejor opción. Salvar a nuestros hijos e hijas de todos y cada uno de los obstáculos que puedan ir encontrando en el día a día supone que los niños vayan creciendo y siendo “dependientes” de nosotros. Debemos enseñarles que muy pocas cosas nos salen bien a la primera, y cuando ocurre es porque previamente hemos practicado o visto cómo lo hace otra persona. Ser su ejemplo sí, hacerlo por ellos/as no.

Si como padres, madres y educadores no permitimos que los/as niños/as experimenten lo incómodo o molesto que puede resultar que algo no ocurra como esperábamos, estaremos impidiendo que desarrollen por ellos mismos habilidades sociales y emocionales que serán de gran ayuda en la vida adulta.

Estas son solo algunas pautas para fomentar la tolerancia a la frustración. Recuerda que enseñarles a cumplir los objetivos está bien, pero que aprendan cómo tolerar las dificultades que encuentran en el camino los/as prepara para sobrellevar el mundo adulto. Si quieres recibir un asesoramiento más individual respecto a este u otros temas relacionados con tus hijos/as pide tu primera cita en Protea.

Pilar María Santana Pérez, P-2254. Área Infantojuvenil.

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