Mi hijo/a tiene hábitos nerviosos, ¿cómo le puedo ayudar a controlarlos?

En ocasiones los niños y las niñas puedes realizar comportamientos repetitivos como tocarse el pelo o chasquear los dedos. A esto le llamamos hábitos nerviosos.

Normalmente, un hábito nervioso es notable para los demás, pero es posible que la persona que lo tiene no sea consciente del mismo. Esta parcial falta de conciencia parece en parte responsable de la continuación del hábito, puesto que impide a la persona darse cuenta de la frecuencia con que cae en el hábito y lo evidente que resulta a los/as demás.

Además, se entrelaza con otros comportamientos y llega a formar parte de las actividades cotidianas. Si el hábito tiene lugar mientras la persona lee, habla, escucha, ve la tele, etc, se asocia con esas otras actividades de tal manera que empieza a producirse cada vez que tiene lugar la actividad. El resultado es que el hábito parece haber llegado a formar parte indisoluble de la persona y resulta difícil pensar en dedicarse a esas otras actividades sin caer en el hábito.

Los factores que facilitan la aparición de hábitos nerviosos son varias: imitar a otros/as, práctica excesiva de un movimiento normal, falta de conciencia, el hecho de que los/as demás se abstengan de señalar la evidencia del hábito, aumento de tensión etc. Las causas o antecedentes anteriormente mencionados son del todo normales, pero la gran persistencia o la alta frecuencia de ejecución del hábito es lo que hace que aparezca un problema.  

En los niños y niñas, la edad de presentación más frecuente es entre los 6 y 10 años, aumentan cuando los pequeños y pequeñas están estresados/as, disminuyen cuando están relajados/as y desaparecen durante el sueño. Si consideramos el hábito nervioso como «algo normal y pasajero» y seguimos las pautas propuestas a continuación, su evolución suele ser buena y en el plazo de unos meses a un año éstos terminan por desaparecer sin dejar secuelas.

  • Registrar el número de veces al día que se produce el hábito y el momento en el que se da.
  • Ayudar al niño/a o adolescente a comprender plenamente los inconvenientes causados por el hábito, debe revisar con él o ella todas las situaciones en las que el hábito le ha causado dificultad.
  • Analizar con el niño o la niña los detalles específicos del mismo, para tener conciencia. Debemos identificar con él/ella y relacionar los gestos que preceden de inmediato a cada episodio del hábito (ej: mirarse fijamente las mangas, rozarlas con el asiento de la silla, frotarlas entre sí, etc) y debemos ayudar al/la niño/a a describir el hábito ( ej: sujeto la manga con los dedos, alzo la mano hacia la cara, muevo la mano lentamente hacia la boca sin mirarla, deslizo el borde de la manga entre los dientes, empiezo a mordisquear….).También es conveniente identificar las situaciones, actividades y personas que estimulan el hábito (ej. Cuando estoy nervioso/a, mientras veo la tele, sentado/a en el sofá, a la hora de comer, hablando con desconocidos/as, cuando estoy aburrido/a….).
  • Los hábitos nerviosos pueden ser fruto de tensión. Debemos enseñar al/la niño/a a relajarse cuando está nervioso/a, cambiando de postura, con el frasco de la calma y pauta de respiración.
  • Para que el/la niño/a controle el hábito una vez sea consciente de él, debe aprender una reacción que sea incompatible con la práctica del hábito, de modo que éste se detenga. En este caso la reacción más idónea es la de apretar los puños o agarrar un objeto convenientemente. Cuando no hay a mano ningún objeto disponible que pueda coger o presionar de una manera natural, casi siempre es posible cerrar los puños.
  • Los padres y las madres ayudarán al/la niño/a recordándole practicar los ejercicios cuando los olvide, pero también tienen que animarlo/a comentando sus progresos (para ello es conveniente llevar un registro diario de la frecuencia del hábito, de modo que pueda observar sus progresos): pueden decirle que ya no está realizando el hábito en las situaciones en que antes lo hacía.

En ocasiones puede pasar que los hábitos estén muy arraigados y le afecten a poder llevar una vida normal. En estos casos es recomendable acudir a un profesional. En Protea tenemos un equipo de profesionales cualificadas para ayudar a superar estos problemas y orientarles en todo lo que necesiten. 

Alejandra García-Ochoa Mora, P-02197. Área infantojuvenil 

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