La depresión en la vejez

La Depresión Mayor, la Depresión Enmascarada y la Distimia

Según el DSM-5, Manual Diagnóstico y Estadístico para los Trastornos Mentales, la depresión mayor en la persona mayor puede aparecer como parte de un trastorno depresivo que tuvo su inicio en la edad adulta y se mantiene en la vejez, o como un cuadro depresivo de inicio en la vejez. Algunos de los síntomas de la depresión son los siguientes; estado de ánimo deprimido,  irritabilidad, pérdida de interés, agitación o retardo psicomotriz, sentimientos de culpa, pensamientos recurrentes de muerte e ideas suicidas, deterioro cognitivo asociado. Además, en muchos casos la depresión se acompaña de sintomatología ansiosa. 

¿Quieres conocer más sobre la depresión? ve al siguiente enlace: «La depresión, mucho más que la tristeza»

La depresión enmascarada es cuando hay una negación de la misma. Es más habitual en niños/as y en personas de avanzada edad. En las personas mayores se caracteriza por deterioro cognitivo, la brusquedad en el inicio del cuadro, alteraciones del sueño y el apetito, quejas somáticas como dolor generalizado y difuso, mareos y vértigo, taquicardias entre otros que enmascaran o esconden una depresión.

La distimia, es una trastorno depresivo persistente que tiene una duración mínima de dos años, en los cuales la persona no ha estado  libre de síntomas por más de dos meses consecutivos. Generalmente comienza desde la juventud o la edad adulta, provocando pérdida de autonomía y reducción de la capacidad de autocuidado.

La vejez en nuestra cultura

Esta es una etapa del desarrollo del ser humano llena de cambios y crisis que muchas personas tienen dificultades en afrontar y asumir. Cambios a nivel físico, psicológico, social. A nivel físico, hay un declive en la capacidad cognitiva y la aparición de enfermedades (dolores musculares, reumatismo, pérdida de vista y oído, etc). Estos cambios físicos repercuten en la vida psíquica de las personas. A nivel emocional, hay un sentimiento de pérdida, pérdida de las capacidades que se tenía antes. Del punto de vista social, hay un reacomodamiento de roles, quien antes cuidaba, ahora es cuidado. Hay un progresivo deterioro del rol familiar.

Como en todas las patologías psiquiátricas hay una multicausalidad en la aparición y desarrollo de la Depresión. Las causas tienen que ver con cómo la persona aborda esta situación de pérdida de capacidades , la integra a su vida y la digiere. A esto se le puede  sumar  la soledad causada por la muerte de seres queridos, la falta de actividad y el aislamiento. Puede comenzar de múltiples formas y manifestarse de forma abierta o solapada. También tenemos que tener en cuenta la vida que ha llevado la persona y el entorno en el que está inmersa. La frase, “se envejece como se ha vivido” es un fiel reflejo de esto.

La importancia de un adecuado diagnóstico

No hay que confundir la sintomatología propia de la depresión con los estados de tristeza y melancolía leves y habituales en ésta etapa de la vida. La depresión es un trastorno que tiene una duración prolongada y una sintomatología específica que necesita ser tratada. Para un diagnóstico certero, es importante la valoración médica, neurológica y psicológica. Las personas suelen acudir al médico de cabecera y recibir tratamiento farmacológico como única posibilidad de diagnóstico y tratamiento. Los fármacos ayudan pero tienen que ir acompañados de otro tipo de abordaje, como es el psicológico.

Intervención Psicológica

Cada caso es particular y único porque responde a un determinado estilo de vida, entorno, resiliencia, y personalidad. El profesional de la psicología debe intervenir en coordinación con los otros profesionales de la salud. A partir de un diagnóstico claro, que a veces puede llevar un tiempo para detectar, es que el profesional de la salud mental plantea su abordaje.

Desde Protea  nos planteamos el abordaje de la persona que padece depresión de la siguiente forma: 

  1. Realizar una adecuada evaluación que lleve a un diagnóstico preciso.
  2. Coordinarnos con profesionales de la salud que intervengan en el caso para ofrecer la intervención adecuada. 
  3. Realizar de forma paraela un abordaje familiar adecuado a cada familia en el que se puede trabajar desde psicoeducación y pautas, hasta intervención familiar, si fuera necesario. 
  4. Tratamiento individual y seguimiento del caso. 

Como familiar, si crees que alguna persona mayor cercana a ti está sufriendo una depresión tu apoyo es fundamental. Alentar a tu familiar a que acuda a un especialista de la salud mental y ofrecer tu sostén y apoyo durante el proceso de intervención. Te dejamos por aquí una entrada que puede servirte de orientación, «Como ayudar a un familiar con depresión».

Si eres tú el que, como lector/a, te sientes identificado/a y crees estar padeciendo una depresión, recuerda que la terapia psicológica, en ocasiones acompañada de farmacología,  es el tratamiento de elección según la OMS y como demuestran los estudios científicos realizados hasta la actualidad. Puedes pedir cita en Protea y te acompañaremos y guiaremos en tu intervención. Mientras tanto, te recomendamos la siguiente entrada que puede orientarte, «9 cosas que puedo hacer para superar la depresión»

Rosana Vieira Rivero, P-01603. Área adulto mayor y envejecimiento

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